Hay cafés que entran haciendo ruido.
Y hay otros que simplemente están ahí, firmes, constantes, esperando a que alguien preste atención.
Gurume pertenece sin duda a ese segundo grupo.
Un café que no necesita levantar la voz para demostrar lo que vale. Un underdog en toda regla.

Un origen que habla bajito, pero claro
Este Gurume nace en Gola Keble, Yirgacheffe, una de las cunas históricas del café etíope. A casi 2.000 metros de altitud, pequeños productores cultivan variedades locales —Dega y Gurume— en un entorno donde el café no es industria, sino cultura y herencia.
Detrás está Solomon Worku, trabajando junto a SMS Plc, una estructura que lleva más de dos décadas apostando por la especialidad, la consistencia y el respeto al origen, con instalaciones propias y sistemas de control de calidad sólidos X-023V Etiopía Yirgacheffe Gola.
Nada extravagante. Nada forzado.
Solo gente haciendo las cosas bien, año tras año.
Natural, etíope… y sorprendentemente equilibrado
Procesado natural, como manda la tradición en muchos microlotes etíopes, este Gurume podría haberse ido fácilmente al terreno de lo excesivo.
Pero no lo hace.
En taza aparece floral y enzimático, con una base frutal muy limpia:
miel, caramelo, frutos rojos y un toque cítrico que recuerda a la naranja madura, todo sostenido por una acidez alta pero amable y un cuerpo cremoso que lo equilibra todo X-023V Etiopía Yirgacheffe Gola.
Es dulce. Es largo.
Y, sobre todo, no cansa.

90 puntos… sin alardes
Sí, lo decimos claro: 90 puntos SCA.
Pero lo interesante no es la cifra, sino cómo llega hasta ella.
No por extremos, no por fuegos artificiales.
Sino por balance, limpieza, uniformidad y dulzor.
Un café que suma en todos los apartados y no falla en ninguno.
Un café para beber, no solo para catar.
El tipo de café que crece contigo
Gurume es de esos cafés que muchos pasan por alto la primera vez.
Hasta que lo pruebas despacio.
Hasta que lo preparas en casa, sin prisas.
Y entonces entiendes por qué lo llamamos el gran tapado.
Porque no busca protagonismo.
Porque está ahí, sosteniendo la taza con honestidad.
Y porque, cuando lo descubres, ya no hace falta que nadie te lo venda.
